Mezquita-Catedral

La Catedral

Espacio sagrado

Espacio sagrado

La Catedral de Córdoba es el corazón cultual y cultural de la diócesis. El espacio en el que la religiosidad se proyecta a través de la liturgia, el arte, la arquitectura, la música o la actividad caritativa. De la administración y gestión de todos sus fines se encarga, desde hace siglos, el Cabildo Catedral

Aunque desde 1236, con la conquista de Córdoba por parte de Fernando III, la antigua Aljama se encuentra dedicada al culto católico, no será hasta el año 1239 cuando el edificio adquiera la plena consideración de Catedral, en el momento en el que se produce la consagración episcopal de don Lope de Fitero. Será este obispo quien, tras la restauración de la sede, proceda a la constitución del Cabildo. 

Desde ese instante hasta la actualidad, de manera ininterrumpida, el Cabildo Catedral de Córdoba se ha encargado, entre otras funciones, de la celebración de las solemnidades litúrgicas que tienen lugar en el templo mayor, del cuidado pastoral de sus fieles y de la gestión y conservación de su patrimonio.

Monseñor Demetrio Fernández González

Obispo de Córdoba

La Catedral es “alma mater” de la diócesis, su templo madre y el núcleo de su vida religiosa. Además, es la sede episcopal, ya que en ella se localiza la cátedra del obispo

Carta del Obispo

Sr. D. Manuel Pérez Moya

Deán-presidente

Es el encargado de dirigir el capítulo de canónigos. Entre sus funciones esenciales figuran la de actuar como representante del Cabido o la de presidir determinadas celebraciones litúrgicas

Carta del Deán

Nuestra Señora de la Asunción

La Catedral de Córdoba se encuentra dedicada a la Virgen María. Será a partir del siglo XVI cuando su título recoja la advocación de la Asunción. Por lo que esta iconografía mariana se localizará en numerosas obras de arte custodiadas en el templo, en los más diversos estilos y soportes. Quizás,  la composición que represente esta temática con mayor maestría sea el lienzo del pintor Antonio Palomino que preside el retablo mayor. Esta pintura, de gran efectismo barroco, se resuelve según el modelo iconográfico tomado de la Leyenda Dorada: María, entre querubes, asciende al cielo ante la mirada perpleja de los apóstoles, quienes descubren que su sepulcro se encuentra vacío 



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